¿Creíamos que la aspirina solo sirve para tratamientos médicos? Pues para suerte nuestra y de nuestra vanidad, descubrimos que esta pastillta tiene usos increíbles en nuestros tratamientos para la belleza. Se los contamos a continuación.

La aspirina, compuesta por el ácido acetilsalicílico, tiene innumerables beneficios que contribuyen con nuestro cuerpo. Contribuye para disminuir las inflamaciones de los pies, producidas por excesivo cansancio o calor, mejorando la circulación sanguínea y disminuyendo la coagulación.

Si te ha picado algún insecto, solo deberás tomar una pastillita y mojarla, ponerlo sobre la zona a tratar. El alivio es inmediato al mismo tiempo que reduce la inflamación y proporciona el bactericida necesario para que no haga daño al cuerpo.

En la ropa es muy efectiva para retirar las manchas que se hayan creado por la transpiración. En este caso, lo indicado es triturar dos pastillas y luego agregarles agua tibia. Con un pincel vas pintando con esta mezcla la zona a blanquear y luego pones la ropa a lavar como normalmente lo haces. También puedes agregar esta mezcla al agua cuando estés lavando la ropa blanca, le dará un toque muy especial y lucirá mucho más blanca.

Ayuda a prevenir la caspa y mantener el pelo muy brillante y sedoso. Como tiene función bactericida, la aspirina contribuye a que el cuero cabelludo esté sano, de ese modo el cabello lucirá mucho más fuerte y hermoso. Cuando laves tu pelo, agregas dos pastillas trituradas y lo intercalas con el shampú. Lo aplicas al lavar como habitualmente lo haces, enjuagas y luego aplicas el acondicionador. Verás que hermoso y sano luce tu pelo.

Ayuda a eliminar las durezas que se forman en los pies; en especial en los talones, ya sea por caminar descalzo o por el roce de los zapatos. En estos casos lo que deberás hacer es triturar entre 6 o 7 aspirinas y formarás una pasta agregando ½ cucharada de jugo de limón a las aspirinas trituradas y ½ cucharada de agua.

Cuando esté lista la preparación, sumerge un trozo de algodón en ella y luego lo pones sobre el lugar del pie que está afectado por las durezas y envolvemos el pie con un paño o toalla caliente cubriendo luego sobre ella una bolsa de plástico para que el calor se concentre. Lo vas a dejar actuar durante unos 10 minutos y permanecer en actitud de reposo sin pisar el suelo. Pasado este tiempo, retiras la bolsa y el paño o toalla, separas el algodón y exfolias la piel utilizando la piedra pómez.

Todos estos trucos son de fácil aplicación, nada perdemos con intentarlo 😉

STOP JEANS, SIEMPRE JOVEN

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